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Manejo de la chinchilla doméstica

Las chinchillas son animales sumamente inquietos. Por esta razón es necesario que el propietario conozca cómo sostener, coger o sujetar a su mascota tras la finalización del paseo diario o ante la necesidad de inmovilizarla para, por ejemplo, administrarle un tratamiento veterinario.

Es necesario destacar que conforme las chinchillas adquieran confianza con sus dueños los métodos serán más eficaces y la resistencia será menor.

El estrés es el causante de que las chinchillas liberen mechones de pelo con facilidad, nunca se debe agarrar a un animal por su pelaje, ya que de lo contrario nos quedaríamos con éste en nuestras manos. Así mismo no es recomendable intentar poner al animal en decúbito supino (boca arriba) ya que se revolvería y podría lesionarse. Es importante evitar todo sufrimiento innecesario para la chinchilla. Por ello, los movimientos nunca deben ser bruscos y debemos aplicar la fuerza necesaria, invirtiendo el mínimo tiempo posible y dejando cuanto antes libre al animal.

Podemos diferenciar tres métodos básicos para sujetar a una chinchilla:
  • Base de la cola: se debe agarrar firmemente la base de la cola con una mano, mientras la otra (o bien un brazo) debe servir de apoyo a las patas delanteras del animal.

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  • Espalda contra nuestro pecho: con el animal de pie ponemos una de nuestras manos debajo de sus patas traseras, a la vez que presionamos su cola contra nuestro pecho. La mano libre la situamos debajo de sus patas delanteras. En esta postura su espalda debe quedar pegada a nuestro pecho en todo su recorrido, por lo que el propietario debe ejercer una fuerza adecuada para ello.

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  • Espalda contra nuestro pecho, sujeción por las orejas: igual que la postura anterior, pero en ésta nuestra mano no va a sus patitas delanteras, sino que agarraremos delicadamente sus orejas y tiraremos con suavidad hacia atrás. Sin duda éste es el peor de los tres métodos descritos y raramente será utilizado por ser demasiado estresante.

  • a

El segundo método es francamente útil a la hora de administrar una medicación vía oral. Es necesaria la ayuda de una segunda persona que abra la boca del animal e introduzca el medicamento en cuestión.

Igual método se aplica cuando hay que forzar la alimentación en los casos en los que un veterinario lo considere pertinente. Para ello existe una técnica especial de sujeción de la cabeza.

Como buenos herbívoros, las chinchillas no son animales agresivos. No debemos temer de ellas ataques ni comportamientos peligrosos para nuestra integridad física. Al contrario, sus reflejos de defensa son siempre de huída. Son animales a los que no les asusta la presencia humana siempre y cuando se les haya acostumbrado al trato con personas. Lo mismo ocurre con otras mascotas domésticas. Hay chinchillas que conviven perfectamente con perros y gatos. Incluso alguna ha llegado a invertir los papeles que ha repartido la naturaleza y se ha convertido en amistosa perseguidora de gatos. Cuando se junten chinchillas con otros animales debe hacerse bajo supervisión, ya que un ambiente tranquilo necesita sólo un segundo para convertirse en una tragedia. No deberían convivir distintas especies de roedores dentro de la misma jaula, aunque existan noticias de chinchillas que han convivido perfectamente con conejos, cobayas y hámsteres. En todo caso, deben convivir desde que son muy jóvenes y la jaula debe proveer espacio suficiente para todos los animales, por lo que debe ser grande y alta.

aCuando se adquiere una chinchilla no convenientemente sociabilizada se debe introducir en una jaula ubicada en una zona que ofrezca pocos estímulos. Es decir, debe estar colocada en una zona en penumbra y lo más silenciosa posible. Pretendemos que exista lo mínimo que pueda turbar al animal. Los primeros días haremos poco más que revisar que esté bien y ponerle su comida. Podemos sentarnos en silencio a una distancia suficiente para que no se asuste. Así se irá acostumbrando a nuestra presencia. Podemos hablarle suavemente para que se acostumbre a nuestra voz. Cuando ya no huya en nuestra presencia podemos empezar a meter la mano en la jaula para que se habitúe a la cercanía. Si hay algún alimento que le guste especialmente, podemos acercárselo. Son útiles las ramitas de alfalfa. Les suelen gustar mucho y podemos ofrecérselas a cierta distancia. Cada vez la ramita será más corta y menor la distancia entre la chinchilla y nuestra mano. El siguiente paso será que acepte comida que le demos directamente con la mano.

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Por último, hay que conseguir que se suba a nuestra mano a comer. Para ello, pondremos una mano firmemente extendida ante la chinchilla y le ofreceremos algo apetitoso con la otra. Se lo acercaremos para que lo huela y no se lo dejaremos coger hasta que se haya subido en nuestra mano. Lo seguiremos haciendo así hasta que coma con tranquilidad subida en nuestra mano. El paso siguiente es comenzar a mover la mano mientras está comiendo hasta conseguir extraer mano y chinchilla de la jaula. Cuando acepte esto, debe emplearse siempre este método para sacar a la chinchilla de la jaula, por ejemplo para su paseo diario. La golosina se debe emplear cada vez menos, ya que el estímulo de un paseo placentero debería ser suficiente como para que la chinchilla se suba a la mano. Nosotros hemos criado varias camadas de chinchillas. Con las chinchillas bien sociabilizadas no fue nunca necesario emplear este método. Aceptaron subirse en nuestras manos desde muy pequeñitas. En cambio, fue necesario emplearlo en todas las que compramos.
aEs conveniente que todos los días puedan salir de la jaula un rato para pasear y dar unas carreras. Debe hacerse bajo vigilancia, ya que, como buenos roedores, pueden causar destrozos en los muebles o morder cables eléctricos, con el riesgo que ciertamente esto supone. Les encanta correr y saltar. Y en la jaula este ejercicio no puede hacerse salvo que sea una jaula realmente enorme. Por eso es imprescindible poder darles un tiempo fuera de la jaula. Cuando se cansan, normalmente vuelven ellos mismos a introducirse en la jaula, a la que ven como su casa y su refugio. Su zona segura.

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Nosotros hemos tenido la suerte de poder mantener un grupo numeroso de chinchillas. En concreto, hemos llegado a tener 11 chinchillas en la misma jaula. Las chinchillas nacidas dentro del grupo son aceptadas sin ningún problema. En cambio, intentar introducir una chinchilla extraña al grupo puede entrañar grandes dificultades.

Por norma general, los machos aceptan mejor a los nuevos compañeros. Sobre todo si son hembras. En cambio, las hembras suelen tener un carácter más “difícil”. Aunque no lo podemos asegurar, ni mucho menos, en las chinchillas parece existir una especie de matriarcado. Suele ser una hembra la que ejerce un papel un poco más dominante que el resto. No es que se establezcan disputas dentro del grupo, pero si se introduce un nuevo ejemplar, suele ser siempre la misma hembra la que muestra los mayores signos de rechazo. Conseguir que se acepten puede ser una labor casi condenada al fracaso en ciertas ocasiones. Se aconseja que los ejemplares nuevos sean lo más jóvenes posibles. Un macho aceptará probablemente tanto a un macho como a una hembra. Incluso aunque éstos tengan ya una cierta edad. Las hembras, sobre todo las jóvenes, aceptarán a cualquier cría lo suficientemente joven. Pero cuando las nuevas ya tienen cierta edad, puede ser muy complicado y se pueden producir peleas bastante serias. También se puede observar como una chinchilla se defiende poniéndose en vertical y lanzando chorros de orina hacia el “atacante”.

No existe un método de acercamiento de una nueva chinchilla a otra que ya esté en la casa que garantice una convivencia pacífica. Como recomendación general puede servir acercar las jaulas para que se acostumbren al olor y a la presencia de la una a la otra. Una vez conseguido se puede intentar sacarlas de paseo a la vez para ver cómo se comportan. Si se aceptan, el último paso es introducirlas en la jaula. Se puede aprovechar que la “antigua” está dándose un paseo, para introducir a la nueva en la jaula definitiva para que vaya conociéndola y se vaya acostumbrando a ella sin que la otra chinchilla la importune.


Bibliografía impresa
  1. Hayes PM. Enfermedades de chinchillas. En: Bonagura JD. Terapéutica veterinaria de pequeños animales. XIII. Vol 2. Madrid: McGraw-Hill Interamericana, 2001: 1228-1233.
  2. Anderson NL. Roedores domésticos. En: Birchard SJ, Sherding RG. Manual clínico de procedimientos en pequeñas especies. 2ª ed. Vol 2. Madrid: McGraw-Hill Interamericana, 2002: 1771-1802.
  3. Quesenberry KE, Donnelly TM, Hillyer EV. Biology, husbandry and clinical techniques of guinea pigs and chinchillas. En: Quesenberry KE, Carpenter JW. Ferrets, rabbits and rodents: clinical medicine and surgery. 2ª ed. St. Luois: Saunders; 2004: 232-244.
  4. Femenia P, Fernández MA. Pequeños mamíferos. Canis et felis 1994; 8: 55-72.
  5. Pérez García CC, Brotóns Campillo NJ. Roedores: generalidades, manejo y alimentación. Canis et felis 2004; 67: 13-33.
  6. Sexta


  7. Recursos en línea
  8. M. Alvarez M, Quintana H,Mallo G, Quinn ME. Crecimiento corporal de chinchilla (Chinchilla lanigera) en un criadero comercial de la provincia de Buenos Aires (Argentina)
  9. Linde A, Summerfield NJ, Johnston M,  Melgarejo T, Keffer A, Ivey E. Echocardiography in the Chinchilla.
  10. Meek C. Estándares zoológicos para el mantenimiento de chinchillas y viscachas en cautividad.
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